El artículo de: Ana Azáceta

Publicado el: sábado 28 marzo, 2020

En plena preparación de 5.000 bolsas de txutxes me preguntaron: “Y tú, ¿qué haces en todo esto?”. “Ayudar, como todos”, fue mi respuesta rápida.

Esa noche, molida después de la jornada, pensé despacio en la pregunta. En realidad, pensé: ¿en qué momento pasé de participar en acciones esporádicas de voluntariado a un compromiso formal continuado? Casi todos hemos participado en una recogida de alimentos o una visita a un comedor social, pero muchos hemos sentido que queríamos hacer más. Pienso que no todo lo tengo que hacer yo, pero hay una parte que, si no hago yo, quedaría sin hacer.

Me pasó hace dos años, aficionada de siempre a mercadillos y más a rastrillos desde que conozco el matiz, caí en Paseo de La Habana 174. Me encanta rebuscar y siempre encuentro cosas; al pagar en caja comentaban la dificultad de cubrir los turnos de ese fin de semana y me ofrecí a estar en uno. ¡En qué momento! Desde entonces ya no he podido salir de este mundo.

¿Por qué Avanza ONG?: porque con una plantilla de tres personas y un núcleo duro de cuarenta-cincuenta voluntarios son capaces de movilizar medio Madrid para llegar a miles de personas. Cuando digo medio, no exagero, por el proyecto de “Navidad para Todos”, mi favorito, han pasado este año unas 2.500 personas. Personas como yo, con ganas de ayudar a Personas de Madrid, que viven aquí al lado, que viven unas vidas muy diferentes a la mía. Porque se trata de Personas.

Los proyectos en los que más participo tienen como objetivo combatir el hambre, ¡porque comemos todos los días! y la solidaridad no puede ser estacional, es necesario mantener esa ayuda. Avanza me permite ayudar de muchas formas: preparando documentación, presentando un proyecto, decorando un rastrillo, desarrollando la creatividad, cargando cajas, cocinando una cena, buscando contactos…Me hace crecer en mi forma de ver la vida y en cómo me relaciono con los demás. Ayudar a otros saca lo mejor de mí.

En Avanza tengo la oportunidad de hacer cosas muy distintas, todas las ideas que se plantean se escuchan, y si son viables se ponen en marcha. Lo que más me gusta es el ambiente de confianza abierto a todo el que quiera participar y donde se puede presumir de transparencia.

A veces, vivimos en una burbuja y no somos del todo conscientes del mundo que nos rodea. Cuando empecé a conocer algunas de las entidades con las que trabajamos sentí “un tortazo de realidad”. No es pobreza en general, son Personas concretas que necesitan alimentos y cosas básicas que nosotros disfrutamos a diario. Al poner cara a las Personas que necesitan cambia la forma en que afrontas cómo ayudar y te enganchas, ¡porque esto engancha!

No deja de sorprenderme el continuo entrar y salir de gente que puede ayudar en un momento determinado, facilitando contactos de personas, proponiendo nuevas formas de hacer las cosas, donando material o simplemente llamando para preguntar qué puede hacer. Muchas de esas personas se quedan, algunos para mucho tiempo. A esos llamo yo el núcleo duro de los voluntarios. No hay jerarquías, es uno de los sitios donde el liderazgo va rotando en función de las necesidades y donde mejor se hace equipo.

Quiero acordarme de las personas que he conocido y con las que he trabajado codo a codo estos dos años y espero, muchos más:

Las “rastrilleras” son capaces de marcar, colocar, reponer y venderte cosas sin que te des cuenta. Cristina, Julia, Noemí, Ana Mª, Ángeles, Raquel, Elisa, Luisita, Rosa, Giovanna, Puri, Maritxu, Lourdes…

Las “bisuteras” diseñan pulseras, collares, llaveros, coronas, capas reales y lo que haga falta tirando de creatividad. Consuelo, Mila, Ana, Inma, Lala, Lucía, Almudena, Natalia, Maite …

Los “comerciales”, contactan con Empresas y colegios, consiguen donaciones, campañas de recogida de alimentos y abren nuevas formas de colaboración. Carmen, Paz, Mercedes, Pedro y Luis.

Los del “garaje” que hacen posible la campaña de Navidad en tiempo record: Fede, Mª Jesús, Lali, Ana, María, Asun, Andrea, Nacho y todas las familias de Tajamar y Las Tablas.

Los “transportistas” que van a las entidades; tiene la parte dura de carga, pero la satisfacción de entregar la ayuda. José Manuel, Jose, Raúl, Jesús, Javi, Andrei….

Y otros “especialistas” que están siempre ahí: Jose y su electricidad, nuestro Chef particular Valentín, Álvaro y sus fotos, Frauca y sus noticias, Nacho con cobertura, Marisol, Mayte, Jorge …y más.

Porque son voluntarios de Avanza, porque están ahí para ayudar al que lo necesita y porque me han ayudado mucho a mí también.

Aunque mi implicación en Avanza es intensa, yo todo lo hago con mucha intensidad, tengo pendiente participar en dos proyectos grandes a los que les tengo muchas ganas.

El primero es “Ponte a punto”, con un equipo de coachers que levantan envidias. ¡Ya me gustaría a mí que uno de ellos se sentara conmigo! Un lujo que Vicente, Eugenio, Eduardo, Javier, Pilar, Teresa, Paco, y más que aún no conozco, acompañen a personas para darles una formación más allá de lo laboral. Coachers que tienen sus propios trabajos y dedican ese tiempo tan personal, uno a uno. Además, muchos de ellos, por su posición en empresas dan soporte para poder hacer voluntariado corporativo.

El segundo es STEM, donde Pedro lidera un equipo que trabaja con niños en los que despierta las ganas de aprender. Niños de Cañada Real, que no tienen los medios ni las oportunidades de nuestros hijos.

Listar a mis compañeros de profesión, los voluntarios, tiene el peligro de dejarme a más de uno. Soy consciente de que la lista no es completa y voy a utilizar los puntos suspensivos […] para incluirlos a ellos y a todos los compañeros de Orange que me han conocido gracias a Avanza ONG. En especial, a Paloma, Oscar, Ricardo, Juan Carlos, Jose María, Victor, Isaac, Rafa y Elisa que me han apoyado, han participado en muchas de las actividades y se han enganchado conmigo.

Un resumen personal de lo que he vivido:

Me encanta preparar las cajas de alimentos, pero no es comparable cuando un abuelo se emociona al recibir el peluche de una cesta en una entrega.

Me encanta hacer pulseras, pero es mejor que las niñas de Desamparados disfruten una tarde haciéndolas contigo en una fiesta de Da2.

Me encanta cocinar, pero no imagináis el escalofrío al ver sonreír a la gente a la que sirves un plato con mimo en las cenas de Navidad.

Me encanta hacer txutxes, pero me he sentido reina de verdad repartiéndolas en la cabalgata de Pitis.

Colaborar con Avanza me quita tiempo de descanso, de estar con mi familia y mis amigos, pero me da una satisfacción personal que me compensa mucho.

De los mejores momentos, me quedo con todas las actividades que hago con mis niños Mei y Miguel, “mis ratones” y con lo que ellos viven y aprenden.

 

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