Cuento de Navidad con Avanza ONG

Mi empresa, Informa D&B, ha empezado a colaborar con Avanza ONG y pidieron voluntarios para participar en varias acciones de ayuda a necesitados. De entre las múltiples alternativas, la que más me sedujo fue la de montar una cesta de Navidad para una familia con problemas económicos.

No es tan entretenido como una acción en grupo, pero te da la oportunidad de ayudar a una familia en primera persona, porque aunque se hable de cesta de Navidad, más podríamos decir: carro lleno de ayuda y regalos para Navidad.

Pregunté si podría hacer esa actividad con mi hijo, a lo que me dijeron que sí, sin problemas.

-¡Qué buena suerte! –pensé yo, así puedo hacerlo en familia.

-¡No fastidies! –pensó mi hijo. Pero la verdad es que sin demasiado esfuerzo, enseguida decidió cooperar.

Buscamos alternativa y concretamos un día para ir a montar la cesta de Navidad: un domingo por la tarde. Conocimos al equipo de Avanza y sus instalaciones y nos explicaron lo que había que hacer. En esencia era conocer a la familia que te ha tocado, sus necesidades y recorrer el almacén de Avanza con un carro gigante en el que incorporar todo lo que le puede ser útil a la familia.

A nosotros nos tocó una familia de Torrejón de Ardoz: padre, madre, hijo de 16 años talla XXL, 2 hijas adolescentes y una niña de 3 años. Muy necesitados de comida y de ropa de abrigo.

Empezamos, al principio tímidos y comedidos, pero gracias al apoyo y la simpatía del equipo del almacén empezamos a llenar el carro. La comida era lo más fácil, porque nuestra familia tenía carencia de todo. El gran problema era el espacio y el empaquetado para que les pudiera caber el máximo posible.

Después los regalos. No conocíamos a la niña, pero de lo que estábamos seguros después de llenar el carro, es que iba a ser una niña muy feliz estas vacaciones.

A continuación, la ropa. Aquí es donde resulta más importante ponerle cariño, para buscar en las cajas material que de verdad les fuera a gustar a los 6 miembros de la familia: unas buenas zapatillas para el chaval, ropa para todos, zapatos para ellas… También había edredones con pinta de muy calientes, que seguro que les iba a venir fenomenal a nuestra familia y por último material de higiene.

En este momento, ya habíamos llenado el segundo carro y el problema de espacio era evidente. Iba a ser imposible meter todo eso en nuestro coche, pero nuevamente desde Avanza nos dieron la solución:

-Si vosotros estáis dispuestos a cargarlo, nosotros os dejamos la furgoneta.

-No se hable más y vamos a por un tercer carro 😊.

Lo siguiente es empaquetar: una cesta que quede lo más bonita posible y el resto en cajas para que ocupe lo menos posible. Otra vez que, sin la ayuda del equipo de Avanza, hubiéramos fracasado en nuestra misión.

Para aquel entonces, mi hijo, que había empezado con las manos en los bolsillos, desubicado y sin saber muy bien como podría ayudar, ya estaba totalmente involucrado:

-No papá, eso no le va a gustar a una chica de 16 años, mejor vamos a cargar más de esto.

-Déjame, que por aquí puedo meter unas cuantas chucherías y les va a encantar cuando abran esta caja…

Furgo cargada y una nueva llamada a Ana, la madre de la familia:

-Oye, que vamos para allí. En menos de media hora estamos.

-Gracias, gracias y mil veces gracias. Aquí os estamos esperando.

Al llegar a la calle, avisamos por teléfono y a ver si pueden bajar a echarnos una mano, porque aparte de la cesta, traemos alguna cosilla más… Bajaron el padre y la madre.

-Mirad lo que os traemos.

-¡Uhh!, ¿pero todo eso es para nosotros?

-Si, queríamos asegurarnos de que estas Navidades tengáis de todo y nos os falte de nada. Además de la comida, hemos cogido cosas para cada uno de vosotros, para que tengáis vuestro regalo de Navidad.

-Pero qué alegría, me dan ganas de llorar.

-No Ana, no te pongas a llorar, que nos ponemos todos a llorar aquí. Vamos a subir las cosas.

-Espera que llamo a mis hijos para que también nos ayuden.

Bajaron el chico de 16 años, con cara de más pequeño de lo que nos habíamos imaginado y la chica, que en realidad era una niña, en pijama. Charlamos un poco y los ojos se les iluminaba a medida que se iban dando cuenta de que estas Navidades realmente iban a ser diferentes para ellos.

En fin, podría escribir páginas y páginas sobre lo felices que fuimos durante un rato, lo que hablamos y sentimos cada uno, o de la bonita conversación que tuvimos mi hijo y yo a la vuelta, en la furgoneta los dos solos.

Pero para terminar de contar esta experiencia sólo voy a decir dos cosas: nunca me han dicho un gracias más de corazón y nunca he sentido el alma tan caliente, como cuando por la noche nos abrazamos mi hijo y yo antes de irnos a la cama.

Y no puedo terminar sin antes dar las gracias a Avanza ONG por haberme dejado ser parte de este bonito cuento de Navidad.

https://conradoymas.com/mi-cuento-de-navidad-con-avanza/

 

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