Adivina quién viene esta noche

Si lanzáramos esta pregunta, los más cinéfilos recordarían las caras de Spencer Tracy y Katharine Hepburn viendo aparecer a Sidney Poiter. Nada comparable con las caras con las que nos reciben cada jueves todas las personas de la calle a las que llevamos la cena los voluntarios de Avanza ONG.

Es el proyecto “Contigo en la calle”. Y es que es una gran satisfacción poder colaborar en este proyecto dando esperanza, alegría y acompañando a muchas personas que están solas y en la calle en Madrid.

Pilar y Marta, madres de familia numerosa, definen un menú variado y equilibrado. Empezamos con 14 raciones y ¡ya estamos en 22! …. ¡Suma y sigue!  

Fuego lento, buenos ingredientes y todo el cariño del mundo para que cada jueves nuestros “Sidney Poitier” se sientan atendidos y mimados.

Los conocemos por sus nombres, aunque probablemente muchos no los sepamos pronunciar como ellos, sabemos lo que más les gusta, qué hacen durante el día para ganarse la vida, más bien para sobrevivir. Y lo más importante, ellos saben que tienen asegurados los jueves por la noche, que vamos a verles, que les llevamos lo que necesitan y que pueden contar con nosotros.

Todo empezó en octubre del año pasado… y CONTIGO EN LA CALLE ¡ya tiene hasta un espacio en el almacén!  Una “cuadrilla” de ingenieros han habilitado una zona para prepararles unas cenas ¡que se chupen los dedos!  Ahí estuvieron Óscar, Mario y los dos Javis dándolo todo dos fines de semana para acondicionar y alicatar un espacio que ¡ha quedado de lujo!

María, voluntaria habitual de los jueves, nos cuenta su experiencia:

Cuando comencé a colaborar en “Contigo en la calle”, no imaginaba la huella que iba a dejar en mí. Lo que comenzó siendo una actividad de la universidad, se ha convertido en algo voluntario, que me gusta y me llena.

Desde noviembre reparto cada jueves cenas a los más necesitados, personas desamparadas, sin nada que comer, sin un techo… sin hogar.

El primer día me impactó mucho el verlas; nunca me había parado a pensar que esas personas que solemos ver mendigar durante el día también tienen que pasar la noche y, al contrario que nosotros que lo hacemos en una casa calentitos, ellos están en la calle, pasando frío y soportando las adversidades.

Cada jueves nos reciben con una sonrisa en cuanto nos ven llegar. Para ellos ese es el único momento en el que van a poder llevarse con un plato de comida caliente a la boca y disfrutar, haciéndonos disfrutar a nosotros también al verlos tan agradecidos con algo que nos parece tan sencillo.

Pero no todo son buenas noticias. También he visto cómo destrozaban las pequeñas chabolas que se habían construido para resguardarse del frío invernal, cómo los deportaban a su país, y cómo la situación de pobreza en la que viven les impide tener ni siquiera salud, y más en medio de la pandemia que vivimos.

Este proyecto, me ha hecho ver que el mundo no se limita a las personas que me rodean, hay muchas más, y que, aquellas que normalmente esquivamos cuando vamos caminando, que apartamos la mirada para no verlas, que intentamos ignorar, también se merecen una vida digna, pues son tan humanos como cualquiera de nosotros.”

Marta, una de las “Chef” escribe cómo lo vive.

¡Es jueves!, día especial de la semana en que compaginamos con mucha ilusión el quehacer diario con la atención a los que viven en la calle sin apenas lo mínimo necesario.

Poco a poco cada jueves hemos ido acercándonos más a ellos para conocerlos, llamarles por su nombre, haciéndonos entender ellos pues la mayoría de ellos no hablan castellano.

Es muy gratificante ver cómo nos esperan, se sienten acompañados por un rato, cómodos cuando nos ven aparecer y ya no esperan a que nos vayamos para empezar a cenar.

Un jueves se nos hizo tarde buscando a una pareja que habíamos conocido en un semáforo. Ya estaba muy oscuro y no éramos capaces de encontrarlos. Casi nos rendimos cuando una persona que trabaja por la zona nos preguntó si los buscábamos y nos mostró entre árboles la tienda de campaña donde estaban. Muy agradecidos cogieron lo que los llevamos y vimos cuál era su situación. A partir de entonces están en la ruta de los jueves.

Esa noche nos fuimos con muchísima alegría, no sólo por haberlos encontrado si no por la generosidad del voluntario anónimo que nos acompañó.

Me sorprende que nos pregunten a nosotros con todo el cariños y sinceridad del mundo “¿qué tal se encuentran esta semana?”  Es maravilloso la sensación con la que volvemos a casa, después de vivir este ratito con ellos, que a pesar de cómo viven, que no tienen apenas qué comer o vestir, lo primero que hacen al recibirte es preguntarte ¿cómo estás tú? Siempre los recuerdo cuando cierro por dentro la puerta de mi casa.

Quiero despedirme contándoos cómo me siento yo participando en este proyecto; disfruto cada vez que viene un compañero nuevo al recorrido, viendo cómo atiende a nuestros invitados, cómo planifica ilusionado repetir la experiencia, cómo colaborar más preparando la cena para ellos.

Sonrío recordando cómo nos reciben Ali, Hussein, María, Dafne y todos ellos, como los niños cuando se acerca la carroza de su rey favorito; cómo nos entendemos sin compartir idioma, porque nos queremos entender.

Recuerdo el jueves que les preguntamos qué día es su cumpleaños, todos ellos en abril y mayo, ¡pronto, pronto!  Y sobre todo, cómo nos despiden al arrancar el coche, han llegado a lanzarnos besos de agradecimiento y el jueves que viene, un poquito mejor.

Gracias a Marta, Pilar, María, Begoña, Alba, Víctor, Guille, Óscar, Javi, Javi, Mario, Luis, Raúl, Andrei, Jesús, Sonsoles y Eva, por estar ahí los jueves. Y a Ana, Isabel, Jorge, y Alberto por estar al pie del cañón, facilitando todo lo que se necesita. Gracias a Paloma por conjugar el verbo HACER como nadie: por SABER hacer, por HACER hacer (y mucho) y por DEJAR hacer.

¡Un auténtico trabajo en equipo solidario!

 
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