Navidad desde otro punto de vista

Habitualmente, en nuestra página web escribe la misma persona en representación de todo el equipo de Avanza ONG, pero hoy queremos cederle este puesto a Emilio Dumas. Él es el director de Toshiba en España, nos conocimos un día de San Isidro en la Ciudad de la Raqueta, y desde entonces seguimos avanzando para ayudar a los más desfavorecidos de Madrid. El domingo 26 de noviembre vino a echar una mano en la campaña de Navidad y le pedimos que nos escribiera sus reflexiones sobre una mañana de duro y gratificante trabajo de voluntariado. Queríamos ver -y que vierais los lectores- nuestra Navidad desde otro punto de vista.

Ahora sí, Emilio, nuestra web es toda tuya:

Una mañana en el colegio Las Tablas-Valverde

Amaneció frío, muy frío – esa temperatura tan de Castilla, con viento glacial, y con una sequedad extrema – este último domingo de noviembre en Madrid, día propicio para guarecerse bajo el edredón de plumas y, como mucho, levantarse a tiempo de tomar el vermú con los amigos o quizás echar un último vistazo a las ofertas mareantes por doquier del Black Friday, que ya parece Black November o incluso Black Autumn, por lo que dura el dichoso viernes negro heredero de las Américas.

Pero no, ese día me había comprometido con las Hadas Laboriosas de Madrid, Paloma y Mayte, cuya apariencia alegre y bondadosa esconde en realidad una tenacidad y una perseverancia fuera de lo común. Se empeñaron en que yo debía de colaborar aquella mañana con su extraordinaria ONG Avanza, ya que necesitaban manos útiles para su bella labor de voluntariado. Y a fe que lo consiguieron. Es más, ante tamaño reto, no tuve más remedio que poner mi despertador a las 8:15 de la mañana y era tal mi estrés por no decepcionar a mis Hadas que llegué el primero de todos al colegio donde había sido previamente citado. ¿Había sido quizás una pillería de aquellas hechiceras bondadosas? Allí no había nadie…

Mientras escuchaba en el coche la canción “Under Pressure”, interpretada en un dúo inigualable compuesto por Annie Lennox y David Bowie, me preguntaba yo, cual Milan Kundera, por la insoportable levedad del ser, cuando por fin apareció Mayte pilotando una enorme furgoneta con los colores de Avanza ONG, de donde salieron más y más hadas (Natalia, Noemí, Ana…). Pese al frío polar, bajaban felices y dichosas por la rampa de acceso al parking del colegio Las Tablas Valverde. Como si estuviesen yendo de excursión en primavera por los bosques de Guadarrama en busca de plantas mitológicas.

Me saludaron alegres, me ofrecieron un café bien calentito (y pastas y conchas de chocolate). Y toda la mañana estuvieron sonriendo, me trataron francamente bien, me sentí por momentos como George Clooney entre bambalinas. Acepté sin rechistar formar parte de un escuadrón que tenía una misión concreta y trascendente: a los mandos del Hada Natalia, teníamos que rellenar decenas de cajas con todo tipo de alimentos (arroz, leche, mayonesa, tomate frito, harina, pimientos, atún en aceite…) para no sé cuántas instituciones y en particular para organizaciones que se ocupan de la precariedad de muchos niños que no tienen tanta suerte como los nuestros. Natalia fue inflexible sobre todo en las cajas para los niños: teníamos que proveer de galletas, chocolate en polvo, cereales para desayunar y nocillas para todos esos angelitos tan necesitados. No podíamos fallar. Nuestro escuadrón cumplió su misión, también se incorporó a él el célebre comandante Javier, héroe de mil batallas, que supo cumplir órdenes como si fuese un soldado más.

He de decir que la mañana del domingo me hizo aprender un nuevo oficio, y que ya estoy perfectamente preparado para manejar un extraño aparato llamado transpalet, con el que tardé en familiarizarme pero que finalmente me obedecía dócilmente. El parking del colegio, inmensamente alargado, estaba tomado por decenas de voluntarios como yo, muchos matrimonios con niños y bebés con carritos, todos ayudaban sin parar, y el frío que era notable al principio de la mañana pasó pronto al olvido por las idas y venidas y el trabajo en equipo de todos los participantes.

Pude contar cientos y cientos de cestas preparadas para familias sin recursos, todas coquetamente engalanadas con cintas de colores alegres y con muy buen gusto (las hadas combinan bien los colores y saben siempre poner un toque de distinción a sus quehaceres), poco a poco, según avanzaba la mañana, los cientos de pallets que estaban al principio iban desapareciendo y sus contenidos acababan morando dentro de las cajas y las cestas de regalo.

El ambiente de trabajo, amigable y risueño, hacía que las horas pasasen casi sin percibirlas, y el cansancio no hacía mella en todo esta fraternidad de personas, unidas con un objetivo común por unas horas. Y el buen ejemplo que se veía en cada escuadra de trabajadores hacía que nadie bajase los brazos en ningún momento.

Había recompensa, claro está. La Reina de las Hadas, Paloma, me acompañó en un tour explicativo de todas las tareas que habían tenido lugar durante el fin de semana y luego tuve acceso a un agradable aperitivo que compartí con toda esta gente increíble de Avanza ONG, que siguieron sus tareas, incansables todos ellos y con la sonrisa permanente, durante el resto del domingo.

La experiencia, maravillosa, única, gratificante, hermosa. Me aportó mucho más a mí que lo que yo pude aportar en esas horas. Realmente, volviendo a casa, me sentía mejor que por la mañana, notaba que realmente había merecido la pena compartir aquellos momentos con gente de verdad, auténtica y entusiasta, y muy comprometida por una maravillosa, a la par que más que necesaria, causa. Una causa verdaderamente justa.

Muchas gracias Paloma, Mayte. Y muchas gracias a todos los que pude conocer aquella inolvidable mañana de finales de noviembre en la zona norte de Madrid.

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